1. Sexo con mi vecina rubia


    Fecha: 26/07/2018, Categorías: BDSM Autor: Anónimo, Fuente: SexoSinTabues

    Ella quería más, "que la partiera al medio". Con 28 años de edad, ya no me siento alguien con gustos simples. Busco algo más, algo que me sorprenda. La necesidad de tener sexo alocado me llevó a una situación tan terrible como excitante. Hacía tiempo que, con mi vecina del departamento de al lado, coqueteábamos. Ambos, con 28 años y físicos "defendibles", solíamos cruzar miradas y saludos cada vez que nos cruzábamos en el ascensor o las escaleras. Siendo una mujer trabajadora, siempre dedicada al negocio de la moda, nunca logró tener una relación destacable. Y se le notaba en la mirada que estaba hambrienta de sexo salvaje. Ella era rubia, con ojos claros, y una piel de porcelana. Excelente figura, una mujer con curvas y carne "de donde agarrar". Un buen día, regresé de trabajar temprano, cerca de las 15hs. Así que me puse a ver una película en netflix, y acompañé el momento con cerveza y pizzas. Pasó el rato, cuando de repente, escuchó un ruido fuerte del lado de afuera de mi departamento. Me acerqué rápido a ver lp que sucedía, abrí la puerta de mi departamento y, en el pasillo, vi a mi vecina tirada en el piso con muchos libros desparramados por el piso. Se había caído al bajar del ascensor. Fui rápido a ayudarle a levantar las cosas, y la ayudé a levantarse del piso. Le pregunté si se encontraba bien, me respondió que se raspó la rodilla, que le costaba mover la pierna izquierda (donde se raspó). Así que la ayudé a caminar hasta su depto, al abrir la puerta, la ayudé a ...
     ingresar y a sentarse en el sofá. Ella estaba vestida con un vestido blanco y corto. Con un escote que dejaba ver sus hermosos pechos, y una falda corta que dejaba poco a la imaginación. Era verano, y es una ciudad muy calurosa. Por lo que imaginarán que la gente suele vestir con poca ropa. Ya sentada en el sofá, me ofrecí a limpiarle el raspón en la rodilla, y le pregunté si tenía un botiquín. Me dijo que en la cocina, arriba de la heladera. Y me señaló la cocina. Busqué rápido el botiquín y volví donde ella. Saqué algodón y alcohol, comencé a desinfectar su herida. Le sobliaba la rodilla a medida que le pasaba el alcohol, porque sabía que le ardía. Ella me miraba atenta mientras yo "me hacía el buen vecino". La realidad es que, hacía tiempo que yo estaba caliente con ella. Y ella con migo, se notaba cada vez que nos cruzábamos por diferentes razones. Por raro que parezca, no sabíamos el nombre del otro. Le pregunté su nombre, mientras le soplaba la rodilla para que no le arda el alcohol en su herida. Me dijo que se llama Samanta, y le deje que me llamo Sebastián. La situación me tenia caliente, con sus hermosas piernas en mis manos, y su vestido blanco que transparentaba su cuerpo, sumado a que la tenía sentada frente a mi en el sofá de su casa, y estando arrodillado frente a ella, con mi cara a la altura de su rodilla. Decidí comensar a besarle la pierna "siniestrada" y subir por la misma mientras le iba levantando el vestido. Samanta me miraba excitada, no emitía palabras. ...
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