1. Papi y yo


    Fecha: 23/07/2018, Categorías: Incesto Autor: Gorditaputa, Fuente: SexoSinTabues

    Como mi papá se convirtío en mi macho. Uno de mis primeros recuerdos es estar sentada mirando tv sobre la erección de papá. Yo tenía unos seis años, y como mamá trabajaba hasta la noche pasaba todas las tardes con papi. Y despues de la merienda me sentaba sobre su falda y mirábamos caricaturas juntos. Aunque fueran las más divertidas, para mi lo mejor era sentarme sobre esa cosa que se iba poniendo más y más dura y menearme sobre ella. Me gustaba todo de ese momento: oír la respiración pesada de papá, la sensación pulsante y tibia en mi conchita, sus ocasionales gruñidos cuando me movía mucho, y como sus manos fuertes me sostenian apretadamente de la cintura previniendo que me cayera y al mismo tiempo haciendo el frote contra mi bombachita más intenso… Ese ritual podía durar hasta una hora o más, y casi siempre terminaba cuando papi me decía con voz espesa que tenía que ir al baño, que me quedara un ratito sola. Y yo me quedaba con una extraña pero agradable sensación de ardor y hambre en mi conchita, con un picor excitante pero enloquecedor. Pero no duraba mucho porque despues de las caricaturas llegaba el momento de la ducha y los besos. Papá me llevaba al baño, me desvestía con cuidado y me metía en brazos a la bañera llena de agua tibia. Ese momento siempre me hacía sentir como una princesa. Luego sus manos ásperas me frotaban todo el cuerpo, lentamente, con amor. Yo reía y me relajaba, disfrutaba las caricias y los juegos. Y lo que más disfrutaba era secarme. Papá me ...
     había dicho que mi conchita era muy delicada, y que no quería hacerme doler con una toalla rústica, entonces era necesario que me tendiera en la cama, abriera mis piernitas y lo dejara que me secara con la lengua. Ese era mi momento favorito del día! Al principio me quedaba bien quietecita, espectante, con mi conchita al aire mientras papá la miraba fijamente y sus manos recorrían mi cuerpo. Y cuando se inclinaba y daba una lamida larga y lenta me sacudía como una serpiente. No podía evitarlo, se sentía demasiado rico. -Me gusta mucho, papi- decía mientras me movía tanto que él me retaba. -Si te quedaras quieta te gustaría más.- Y con eso me convencía. Lamía y besaba suavemente mi pequeña conchita hasta mojarla por completo, jugaba con la punta de la lengua y yo enredaba mis deditos en su pelo y temblaba de placer. -Te quiero mucho, papito- decía mientras la punta de su lengua iba y venía de mi conchita a mi apretado culito. Porque tambien me lo besaba y se sentía delicioso! -Yo te quiero más, hijita. Y quiero hacerte felíz- me decía y yo sentía que estallaba de amor por él. Él me había explicado que nunca le podíamos contar a nadie de nuestros juegos, sino nos iban a separar y no volvería a verlo. Y yo quería estar con él más que nada en el mundo. Quería aprender muchas más cosas como aquellas, estaba segura que había más y lo quería, pero sólo con él. Más adelante accedío a mostrarme su cosa dura, su verga como él la llamaba. Esa verga sobre la que me gustaba tanto sentarme y ...
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