1. Sobrina caliente. El clima frío nos puso calientes


    Fecha: 30/01/2018, Categorías: Sexo con Maduras Incesto Autor: Lobo Feroz, Fuente: CuentoRelatos

    La mañana estaba fría y lluviosa. San Clemente en invierno era precioso, para mi gusto. Las olas danzaban, encrespadas en un mar totalmente verde, para un cuadro. Me gusta la costa atlántica, ese fin de semana, primera pero particularmente frío y ventoso, desde la comodidad y calidez de mi departamento, un balcón sobre la avenida costanera, observar el juego de las olas es un maravilloso espectáculo. Mirando hacia abajo, en la avenida costanera, acurrucada en su campera de nylon, lucha contra el viento y la pertinaz llovizna con un paraguas, pelea ganada por la intemperie. Abandoné la contemplación del mar para terminar el café, la jovencita seguía con su bolso “de piel marrón” ja! Me hacía recordar a la Penélope de la canción de Serrat. Bajé al quiosco a buscar el diario. La calle está desierta, ni un alma, un páramo, daba pena verla así con este clima hostil. Volvía con el diario bajo el brazo, cruzamos una mirada, continué mi camino, ingresé al hall, estaba esperando el ascensor, pero giré la vista y desde la comodidad del hall vidriado podía verla en una desapasionada espera. Un sentimiento solidario me motivó para salir, acercarme a la muchacha. - Te he estado observando desde hace un buen rato. No quiero que me malinterpretes, pero me pareció que debía atreverme y ofrecerte un lugar que te proteja de la intemperie. Por lo menos te hago compañía, podés esperar en el hall del edificio a esa persona que se demora en llegar… -con resignación o frío, asiente. - Le ...
     agradezco, señor, la verdad es que está bien frío ahí fuera. Permanecimos un tiempo, sin tema de conversación, ella con la timidez y el temor de estar a solas con un desconocido, yo sin saber cómo hacer para que estuviera tan a la defensiva. - Venite, conmigo, tomás algo caliente y después te vas. No tenés nada que temer, no muerdo… Me miró sin responder, una mezcla de temor e indecisión. En esta situación dubitativa, levanté su bolso del piso, mirando el ascensor que se había detenido en la planta baja, volví a repetir el pedio, con un poco más de énfasis, con autoridad: - Vamos, no podés seguir así, con frío y mojada! Vamos! -asintió con un gesto, sumisa me siguió, subimos al ascensor, mirándola en el reflejo del espejo dije: - Cómo te llamas? - Susana… Susy. El suyo? - Ernesto. Respondí en el preciso momento que llegamos al segundo piso, abrí la puerta y le cedí el paso, llegamos al departamento, entré, dejé el bolso sobre una mesita del livingroom -Ponte cómoda, voy a preparar café. Estás achuchada, como un pollito mojado. .-sonrió. Preparé café con leche, me parecía que el desayuno era lo más adecuado, mientras hacía las tostadas se me ocurrió ofrecerle la comodidad de una ducha caliente y reparadora luego de escucharle decir que había estado ahí, a la intemperie por casi una hora. - No pretendo poner incómoda, pero... me parece que estás necesitando una ducha bien caliente que te saque ese frío y la humedad de la llovizna. –se muestra dubitativa, insisto con autoridad: - Ven te ...
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