1. Mi tercer encuentro con la Zoofilia


    Fecha: 27/12/2017, Categorías: Zoofilia Autor: AngieZoo, Fuente: SexoSinTabues

    Hola de nuevo, es la primera vez que he compartido mis experiencias y tienen gran aceptación. En este tercer relato hablaré de mis años posteriores y mi primer sexo anal. Después del abotonamiento con Bari, yo me consideraba una zoofilica. No como un fetiche o perversión, sino como una Preferencia Sexual. Al igual que los Heterosexuales o los Homosexuales. Lamentablemente hay muy pocas personas con mente abierta o poco nivel de aceptación. Así que decidí mantenerlo en secreto y a la fecha no se lo he confesado a nadie que conozca personalmente como familiares, amigos o exparejas. Entonces cumplí 18 años y terminé mi educación media-superior. Fue momento de decidir que voy a hacer el resto de mi vida, a que me voy a dedicar, de que voy a vivir. No tenía intención de permanecer con mis padres hasta los 30 años como el mexicano promedio. Me tomé un año sin estudiar y me puse a trabajar para ver qué es lo que me gusta. Probé varios trabajos, unos buenos, otros no tanto. Fue cuando intenté en el magisterio y me gustó. En esas fechas Bari pescó un resfriado que después se volvió pulmonía y falleció en la veterinaria donde lo atendían. No saben cuánto lloré por ese perro. Mis padres y hermano también lamentaron mucho su muerte pero no tanto como yo. Lo incineramos y con el dinero de mis trabajos compré una placa con la leyenda "No puedo prometerte estar contigo toda tu vida, pero si puedo prometerte que te amaré toda mi vida". Metimos sus cenizas en una cajita metálica dentro de ...
     una vitrina y la plaquita al frente. Actualmente ahí se encuentran todas las mascotas que he amado. El trabajo hizo mi dolor llevadero, después de un tiempo comenzaron a hablar de adoptar otra mascota. Yo sugerí adoptar una mascota de un albergue pero mi hermano quería un pastor alemán. Ambas opciones fueron aceptadas. Yo fui a buscar en las veterinarias cercanas hasta que encontré un perro mezcla galgo y pastor alemán, era alto y delgado, tenía aproximadamente medio año de vida. Lo nombré Alberich. El mismo día llegaron mi papá y mi hermano con un cachorro mitad pastor alemán, que llamamos Penrril. Ambos machos. El Flaquito (así le decía a Alberich) era mayor y comencé a entrenarlo de manera básica. A sentarse, dar la pata, suplicar, etc. Penrril prestaba poca atención pero eventualmente lo entrené también. Cuando pasó medio año, Alberich estaba por fin entrando en edad sexual, había crecido y era muy bien portado, decidí "darle su premio". Lo llamé una noche, el problema era que Penrril lo seguía a todos lados, si solo dejaba pasar a uno, el otro se quedaba afuera chillando o rascando la puerta. Tuve que hacerlo pasar pero la tarea fue completamente imposible, porque se ponían a jugar y yo desnuda y sin saber qué hacer. Lo intenté la segunda noche pero la presencia de Penrril no dejaba que Alberich se concentrara en mí. ¿Qué hacer? Tuve que esperarme 2 semanas a que me dejaran sola en la casa por un par de horas. Mi papá trabajaba todo el día, pero usualmente estaba mi mamá. ...
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