1. El padre de mi amiga


    Fecha: 12/03/2019, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    estaba haciendo la dormida, pero no podía controlar mis espasmos. Su lengua era larga y a menudo la metía hasta encontrar sitios placenteros. Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, paró y se quitó del todo la ropa. Él se tumbó encima de mí de tal manera que la punta de su glande tocaba los labios de mi vagina. Yo quería que me la metiese, pero él no hacía fuerza y jugaba en mi rajita. Aquello me desesperaba de placer y me ponía ansiosa, pero yo no le decía nada porque se suponía que estaba durmiendo. Después de jugar un minuto rondando mi agujero, embistió con fuerza, su verga entró deslizándose y encajando perfectamente, porque yo estaba mojadísima, como nunca lo he estado. Aquello fue un placer enorme, tanto que se me saltaban las lágrimas y tuve que gemir bastante más fuerte. Estuvo embistiendo fuerte alternando con salirse y apoyar su verga en mis labios intentando no meterse. La última vez que lo hizo, yo empujé para abajo con fuerza para que entrará, lo que hizo sin dificultad, y entonces me folló muy deprisa durante unos minutos más. Yo ya me había ido dos veces no pudiendo contener un grito fuerte que ya no me importó, entonces él ...
     empezó a urgar en mi culito con su dedo corazón. Yo ya estaba temblorosa, y le dije que lo hiciera. Metió muy despacio su dedo en mi culo mientras continuaba follándome con su verga. Su dedo entraba y salía dándome nuevo placer, gritando tan fuerte que debió oírlo mi amiga y su madre desde el pueblo a cinco kilómetros. Él seguía esmerándose tanto con el dedo, que tuve un tercer orgasmo de placer por el ano y después de cinco minutos más, sacó su verga de mí, me dio la vuelta y se corrió en mi cara, notando su chorro fluir por mi boca y por mi pelo. Después se quedó tumbado en la cama, acariciándome y me comentó que no se lo dijera a nadie que no nos hacía bien a nadie. Al poco rato se fue a la ducha y me dio una toalla para que me limpiase un poco porque solo había un baño. Yo me vestí rápidamente, aireé la habitación y bajé al salón, justo cuando Mari Ángeles y su madre entraban por la puerta. Venían con bolsas de compra y Mari Ángeles me invitó a subir a su cuarto para enseñarme una blusa que le había comprado su madre. Cuando subimos y estábamos más juntas en su cuarto, me dijo: ¡Hueles a hombre! a lo que yo repliqué: ¡Bah serán imaginaciones tuyas! 
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